En
la planta ocho solo había un enorme pasillo que terminaba en una gran puerta de
roble macizo. Los siete amigos se dirigieron allí, con pequeños tontos
comentarios que intentaban disimular los nervios que todos sentían.
Al
entrar vieron a otros trece chicos sentados, de espaldas a la puerta. Se
sentaron tras ellos con sigilo.
De
pronto un chico de gafas e inconfundible cara se giró. ¿Carlos? Poco a poco se
fueron girando todos. ¡Aitana! ¡Jon! ¡Andrea! Y descubrieron en esa sala al
resto de compañeros de experiencia. De pronto un portazo les sacó de sus risas. La puerta se había cerrado. Una
pantalla que tenían ante ellos se iluminó. Un señor apareció. Había tal silencio
en la sala que se podría haber oído el respirar de un mosquito. Y el señor
empezó a hablar.
“Queridos
Jóvenes Talentos. Me presento. Soy Positivo Montones y soy inventor. En mi
curriculum destaca la creación de la “empresa para el futuro”. En ella se han
creado maquinas del tiempo increíbles. He conocido a mis clones del futuro y
del pasado. He pasado una temporada en Troya. He inventado máquinas que te
permiten vivir en un cuadro. Máquinas que te permiten ver lo que piensan los
bebés. Pero esas maquinas ya no existen. La tiré yo mismo. Cuando mi padre se
quedó en paro, yo tenía diez años y tuve que ayudarle a ir al banco de
alimentos a recoger comida. Y gracias a un fallo de la máquina del tiempo tuve
que revivir ese horrible momento. Era un sueño de ensueño, sí. Pero incluso los
sueños tienen partes malas. Y he estado solo en el espacio. Conseguí el libro
de la felicidad. ¿Pero eso de qué me vale? Nada compensará nunca todo lo malo
que hice con esas horribles máquinas. Las tiré a un lago. Y, mientras lloraba,
vi como Ruby (Así llamaba yo a mi máquina del tiempo) y todas los demás se
hundían en el legro lago. Y observe como se hundían, con miles de secretos
dentro. Y vi como arrastraban a Rosie al fondo del mar. Sí, me la imagino
desesperada, atrapado en el pasado. Pero ere lo mejor que podía hacer por ella.
Y contemplé como se hundían, e imaginé la sonrisa de los caimanes al ver que
tenían comida. Solo se salvó el viejo libro del desván. Ese... libro... es muy peligroso.
Y ahora el peso del mundo está en vuestras manos. El libro lo encontrareis en
una carrera a contrarreloj en la que participaran... bueno... los que salgan
vivos de aquí.” Su irónica y amarga carcajada se convirtió en una horrible tos
de sangre. Positivo cayó al suelo y la conexión se cortó. La tensión se podía
cortar con un cuchillo. Y de pronto... Una explosión les hizo volar por los
aires. Y esas últimas palabras de Positivo resonaron en la cabeza de Aurora,
antes de caer inconsciente. “y participarán... bueno... los que salgan vivos de
aquí”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario