martes, 3 de septiembre de 2013

No sabía lo mucho que os echaba de menos, lo mucho que os necesitaba, hasta que os conocí.

Dicen que no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos. Pero, ¿sabéis qué? Tampoco sabemos lo que echamos de menos hasta que de repente, algo inesperado aparece en nuestras vidas y, cuando queremos darnos cuenta, ya ha echado raíces en ti. Y cuando eso ocurre, nos parece increíble que pudiéramos haber vivido antes sin ello. Sin las risas, aunque no tengan la suerte de ser cara a cara y se tengan que conformar con una pantalla. Sin que salga el tiempo en España y pensar en cuál de vosotros vive por ahí. Sin los 2345678909764456 mensajes de WhatsApp al día. Es extraño, el saber que hace menos de un año no conocías a alguien que ahora tu cerebro a confundido con un órgano vital y a quien, por tanto, necesitas. Sin embargo, este tipo de cosas son las mejores que puede haber en el mundo, y fijaros que no exagero si os comparo con la música, teniendo en cuenta de que es algo imprescindible para mí. Porque está ahí cuando todos parecen haberse cansado, al igual que vosotros. Y joder. No me cansaré de repetiros que la palabra "gracias" se empezó a quedar corta en el avión de camino a Madrid y de la cual hoy sólo quedan un par de milímetros de longitud. Y no porque ella se haga más pequeña, sino porque vosotros cada día sois más grandes. Porque chicos, el físico deja de crecer algún día, incluso la cabeza puede que en un futuro se nos vaya a todos, y nos volvamos locos. Pero seguid leyendo, escribiendo, soñando; alimentando vuestro alma como hasta ahora, tal y como lo venís haciendo, porque cuando un día ya no estemos, será ella la que continúe en quienes os conocieron y os juro, que os hará eternos, infinitos. Inolvidables.

No hay comentarios:

Publicar un comentario