miércoles, 18 de septiembre de 2013

C1: Las meriendas en casa de mi tía Pepita son lo mejor.

Humm......¡Ah hola!...Bueno yo soy Raúl, ya sabréis toda la historia de este blog, bien, pues yo me llamo Raúl, o Cacerolo...como queráis. Me habéis pillado viendo lo bonito que esta gente ha dejado todo esto. Hay que ver, yo como siempre tarde..... me pillan un poco ocupado, y cuando me doy la vuelta...¡Crean este blog!.....Ayyyy.... bueno. He estado echando un vistazo a todo esto y he visto que todo el mundo pone cosas preciosas....ay me emociono....de verdad.
Pero bueno, volviendo al tema, yo podría poner un montón de líneas de como les conocí y lo que les echo de menos, pero a decir verdad, sería un poco redundante, ¿no?. Durante el viaje hubo gente que me dijo que no me imaginaba en mi vida corriente. Por eso he decidido contaros (aunque no queráis MUAHAHAHAHAHAHAno) cómo viví yo la experiencia Cocacolera, es decir desde que concursé, hasta el mismo avión hacia Londres. Eso sí, por capítulos, que me canso, y así si esto resulta ser una chapa, acabo con un típico ``¡CHIN PON!´´ que siempre funciona y queda muy resultón. Así que, pequeños, sentaros a escuchar la historia de...........

COMO CONOCÍ A VUESTRA MADRE

Uy, eso ha sido un poco plagio, probaré otra vez.

COMO CONOCÍ A LOS 19 JÓVENES TALENTOS

Capítulo 1.
Las meriendas en casa de mi tía Pepita son lo mejor.

Yo, aunque no lo creáis, soy un chico así como muy normal, que hacía cosas de chico normal, en una ciudad muy normal, rodeado de LOCOS. Sí, ¡locos en clase que el día del mercado les tiran borradores a las gitanas de los puestos!.
Me estoy desviando. Desde primero de la ESO nos habitan hablado del concurso, pero vamos, mucho caso no le hacía, porque es como cuando te hablan del futuro, que escuchas pero vamos, que tampocooooo....digamoooos......te lo piensas muuucho.......Porque además, como cualquier niño inocente, yo tenía la cabeza en otras cosas que en concursos: La música, mis notas, y quedar con mis amigos y primos en las fiestas del pueblo. Vamos, una vida sencillita, pero llena de felicidad y de meriendas hogareños con mi tía Pepita (sí, mi tía se llama Pepita, ese nombre existe).
 El primer día en segundo que hablaron seriamente del concurso, fueron unos representantes que vinieron a ponernos los dientes largos con los maravillosos, fantabulosos y chupiguays premio que había.........y que no íbamos a ganar. Cómo no, todo segundo fue castigado por portarse como imbéciles con los representantes(hum, típico, muy típico), y no nos dieron la botella de Coca Cola, que creo que les dolió mas que el ser castigados sin concursar. Mi profesor luchó por los alumnos hasta que levantaron el castigo. Buscó concursantes, para la selección en clase de los que irían a concursar, pero como nadie se ofrecía lo puso obligatorio.
Al principio, me sentó algo así como si me volcaran veneno de serpiente en el ojo, y me hicieran un Josefina tirándome por la ventana, porque no me gusta concursar en nada, miedo al fracaso y a la decepción, y esas TONTÁS. Así que hice mi trabajo, y se lo entregué al profesor, pero vamos, sólo para salir del paso. Lo que no sabía, es que aunque yo había acabado la historia, la mía estaba a punto de empezar..............

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