jueves, 5 de septiembre de 2013

Capítulo 4



Las lágrimas rodaban por su cara, llegando a su boca, que reía y reía. Abrazó a aquel amigo suyo, mientras pensaba en lo tonta que debería parecer así. Pero en estos momentos poco le importaba lo que los demás dijeran de ella. Estaba feliz y nadie le iba a quitar la felicidad. Con esfuerzo, se separó mientras reía.
- ¡¡¡¡Cacerolo!!!! ¿Es que no tienes boca? ¡Di algo!
Entonces reparó en la chica que bajaba con Raúl en el ascensor. La chica les miraba fijamente, con una gran sonrisa en la cara. Corrió y la abrazó. Esa sonrisa la reconocería en cualquier lugar.
- ¡Raúl, Elvira! ¿Qué hacéis aquí?
- Eso iba a decir yo, Aurora- Contestó Raúl, que todavía no se lo creía.
- Cacerolo, ¿pero a ti quien te ha preguntao?- dijo Aurora, con una gran sonrisa
Esta frase, que tan borde les parecerá a algunos, provocó una carcajada general, y un “ya empezamos, eh, Aurora, como en los viejos tiempos” por parte de Raúl. Es que era imposible no reír cuando tantos recuerdos te inundan.
De pronto el otro ascensor se abrió, saliendo aquellos cuatro pasajeros, que Aurora, Raúl y Elvira reconocieron al instante: Alicia, David, Javi y Nuria. Y por fin consiguieron dar ese abrazo prometido desde hace años. Esos tan esperados abrazos de unos amigos tan especiales.... y tan de repente como ese  encuentro llegó la pregunta del millón.
¿Alguien sabe que podemos estar haciendo aquí?- preguntó David
-Es por la invitación. ¿Verdad? Todos la tenéis ¿no?- dijo Alicia
-No en realidad yo estaba aquí de vacaciones- Respondió Javi, con una        sonrisa burlona, provocando más carcajadas.
 -A mí tras unos agotadores 30 minutos la recepcionista me ha dicho que teníamos que ir a la planta ocho.- comentó Aurora
 -¿Y por qué no estamos subiendo ya?- preguntó Nuria.
 -Ya vamos nutria no te apures. GO TO SLEEP! – respondió Raúl
  -¿A ver subimos a la planta ocho o qué?- dijo Elvira, deseosa de averiguar ya por qué estaban allí.
  -Vamos- afirmaron todos, corriendo, entre risas, al ascensor. Parecían críos. Pero es que en circunstancias así... ¿Quién no quiere volver a ser un niño, para disfrutar las cosas como es debido? Y, durante aquellos minutos, el agobiado aire adulto que llenaba sus vidas se convirtió en un soplo del despreocupado aire infantil. Porque ese niño de dentro nunca se va. Por mucho que lo intentemos.
Ilusos pensamientos infantiles que inundaban sus ajetreadas cabezas pensando en que nada sería tan sorprendente como ese encuentro... Qué equivocados que estaban.

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