Las lágrimas rodaban por su cara, llegando a su
boca, que reía y reía. Abrazó a aquel amigo suyo, mientras pensaba en lo tonta
que debería parecer así. Pero en estos momentos poco le importaba lo que los
demás dijeran de ella. Estaba feliz y nadie le iba a quitar la felicidad. Con
esfuerzo, se separó mientras reía.
- ¡¡¡¡Cacerolo!!!! ¿Es que no tienes boca? ¡Di
algo!
Entonces reparó en la chica que bajaba con Raúl
en el ascensor. La chica les miraba fijamente, con una gran sonrisa en la cara.
Corrió y la abrazó. Esa sonrisa la reconocería en cualquier lugar.
- ¡Raúl, Elvira! ¿Qué hacéis aquí?
- Eso iba a decir yo, Aurora- Contestó Raúl, que
todavía no se lo creía.
- Cacerolo, ¿pero a ti quien te ha preguntao?-
dijo Aurora, con una gran sonrisa
Esta frase, que tan borde les parecerá a algunos,
provocó una carcajada general, y un “ya empezamos, eh, Aurora, como en los
viejos tiempos” por parte de Raúl. Es que era imposible no reír cuando tantos
recuerdos te inundan.
De pronto el otro ascensor se abrió, saliendo
aquellos cuatro pasajeros, que Aurora, Raúl y Elvira reconocieron al instante:
Alicia, David, Javi y Nuria. Y por fin consiguieron dar ese abrazo prometido
desde hace años. Esos tan esperados abrazos de unos amigos tan especiales.... y
tan de repente como ese encuentro llegó
la pregunta del millón.
¿Alguien sabe que podemos estar haciendo aquí?-
preguntó David
-Es por la invitación. ¿Verdad? Todos la tenéis
¿no?- dijo Alicia
-No en realidad yo estaba aquí de vacaciones-
Respondió Javi, con una sonrisa
burlona, provocando más carcajadas.
-A mí tras
unos agotadores 30 minutos la recepcionista me ha dicho que teníamos que ir a
la planta ocho.- comentó Aurora
-¿Y por
qué no estamos subiendo ya?- preguntó Nuria.
-Ya vamos
nutria no te apures. GO TO SLEEP! – respondió Raúl
-¿A ver
subimos a la planta ocho o qué?- dijo Elvira, deseosa de averiguar ya por qué
estaban allí.
-Vamos-
afirmaron todos, corriendo, entre risas, al ascensor. Parecían críos. Pero es
que en circunstancias así... ¿Quién no quiere volver a ser un niño, para disfrutar
las cosas como es debido? Y, durante aquellos minutos, el agobiado aire adulto
que llenaba sus vidas se convirtió en un soplo del despreocupado aire infantil.
Porque ese niño de dentro nunca se va. Por mucho que lo intentemos.
Ilusos pensamientos infantiles que inundaban sus
ajetreadas cabezas pensando en que nada sería tan sorprendente como ese
encuentro... Qué equivocados que estaban.
No hay comentarios:
Publicar un comentario