jueves, 5 de septiembre de 2013

JAMÁS ME OLVIDES ( SILENCIO: cap. 1)

     Otoño. Como cada año viene y como cada año se va. Desde mi sillón descanso. Si, ya me ha llegado la hora de descansar. En silencio. Un triste silencio para mí,  que provablemente sería agradable para un empresario y detestable para un niño.Si, en silencio. Aunque claro, en realidad, el tic-tac del reloj llena toda la habitación, el ruído de mis pensamientos abarrota mi cansada cabeza y los latidos de mi corazón le hacen patente a mi cuerpo que sigo aquí, en mi sillón, descansando. Esperando lo que un viejo cansado y triste espera. Entonces, ¿en silencio? En silencio no. En silencio nunca.

    Tic-tac. Bendito tiempo. Lo que nos regalas para después sacarnos. Y lo peor, lo peor es que yo ni siquiera sé lo que me has quitado. Una vida, si, pero, ¿qué vida?

    De repente, una mujer irrumpe en la habitación y con un "Deberías salir, padre" rompe tan preciado silencio que nunca existió. Odio que esa desconocida me llame padre. No sé quién es. No sé quién soy. ¿Por qué, entonces, habría de llamarme así? Antes de que pueda reflexionar sobre lo que estoy diciendo mi boca articula una frase con signos de interrogación. Algo que mitad entiendo y mitad no, pero que mi subsconsciente debe comprender porque pregunto:
    -¿Dónde está tu madre, hija?
 
     Entonces, aquella mujer, aquella desconocida se transforma ante mis ojos en mi hija. Mi querida hija Azucena. Llora. Y yo no sé por qué empieza a llorar. Lloro. Y yo no sé por qué empiezo a llorar. Pero nos quedamos en silencio. Ese silencio que nunca existió ni nunca existirá que se rompe cuando nuestras lágrimas resbalan sobre nuestras mejillas y chocan contra el suelo.

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