Una chica con un hermoso acento gallego se encaminaba al ascensor. Sabía que algo estaba pasando, y ella no era de las que se daban aludida tan fácilmente. Había recibido la extraña invitación el día anterior. Leer el nombre de la empresa le había traído grandes recuerdos, memorias que jamás olvidaría. ART-DECO S.L. había hecho que conociese a gente fantástica. Ahora quería llegar a recepción a pedir algo de información, a ver si la pillaba sin el teléfono pegado a la oreja como si fuera un pendiente. Se metió en el ascensor y pulso el botón que la llevaría a la planta baja mientras se intentaba alisar un poco su largo pelo con las manos.
Mientras,
en la tercera plante un joven científico de cabellos rizados y ojos color miel
se hacía las mismas preguntas. “¿Por qué estoy aquí?” Cada vez que se lo
preguntaba, su sentido común le decía que porque era idiota. Pero una parte de
él lo negaba. Una parte de él se inclinaba a creer que era por algún motivo.
Tenía que centrarse. Conocía a esa empresa, pues claro que la conocía. Con ella
había pasado una gran experiencia. Una experiencia que le había hecho sentir
como nunca. Pero eso sucedió hace mucho tiempo. No entendía por qué ART-DECO
S.L. le volvía a llamar.
“¿A
ver Raúl, y si vas y lo averiguas? ¡Ve a preguntar a recepción, o algo pero
muévete! Raúl fue rápidamente al
ascensor, y una chica de largo pelo negro y una bonita sonrisa apareció cuando
el ascensor se abrió. “Esa sonrisa... estoy seguro de que la conozco.
Bueno, Raúl limítate a intentar no quedarte con cara de bobo mirándole.” A sí
que entró, saludó y el ascensor se cerró, poniendo, inconscientemente rumbo a su mayor aventura.
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