Se
habían embarcado en una misión imposible, pensaba Nuria. No sabían donde estaba
Positivo, ni como meterle dentro de los relatos...
Todo
era tan confuso... De pronto un hombre de mediana edad apareció entre ellos.
-Dadme
el libro- dijo
-No-
contestaron todos a la vez.
-Vale
– contestó positivo y, chasqueando los dedos, hizo temblar el suelo haciéndoles
a todos caer bruscamente al suelo. Nuria se levantó rápidamente, cogió el libro
que estaba tirado a su lado y corrió a ponerlo a salvo.
-¡CORRE
NURIAA! ¡Que el final de la historia está en tus manos!
Miró atrás y vio como todos sus compañeros intentaban impedir que Positivo la siguiera. Algunos cayeron al suelo, otros seguían defendiéndola. Tenía que poner a salvo el libro. Tenía que hacerlo para vengar la muerte de sus compañeros.
Nuria
corría y corría y de pronto todo le daba vueltas. Pero siguió corriendo hasta
que lo vio todo negro y se desmayó.
Se
despertó sudando en rodeada de sábanas. El suelo estaba frío y le dolía mucho
la cabeza. Todo había sido un sueño. En su cabeza, las últimas palabras se
repetían, incesantemente: “Que el final de la historia está en tus manos” Se
levantó y miró el reloj. Las cuatro de la mañana.
Se
sentó en la cama, todavía un poco aturdida. Habían pasado a penas unas pocos
meses tras conocer a los chicos de ART-DECO y les echaba mucho de menos.
Entonces corrió a la mesa, y recordó la frase: “Que el final de la historia
está en tus manos” Encendió el ordenador
y puso fin a la historia que tanto tiempo había estado escribiendo: "Y
vivieron felices con su pingüino cuidándoles como si de un hada madrina se
tratase." “No tiene sentido, pensó. Para ti. Para mí significan veinte
cosas únicas... porque nada es imposible. El último capítulo continuará”
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