Hacía frío. Las calles estaban abarrotadas de gente que, apresuradamente hacía las compras de última hora. Los escaparates brillaban más que nunca queriendo atraer la atención de los transeúntes. En las aceras, los niños y mayores esperaban la llegada de los Reyes Magos de Oriente.
-Mamá, Melchor trae regalos, Gaspar caramelos y Baltasar sueños. ¿Verdad?
- ¿Quién te ha contado eso, Sofía?
- No sé. Pero yo quiero que venga Melchor.
- ¿Y Baltasar? Es maravilloso que traigan sueños. Con ellos puedes tener todo lo que deseas. Viajar a lugares lejanos, tener amigos increíbles... ¡O incluso vivir en un mundo mágico!
- Ya pero... los sueños se terminan muy rápido.
- Oh cariño, eso es porque tú quieres que eso pase. No los encierres, déjalos libres. Que vuelen. Que te lleven a donde desees.
Ya asomaba la cabalgata. Los magos saludaban a los niños, mientras los caramelos volaban sobre las cabezas para acabar estrellándose en el suelo. Camellos, pajes, personajes de cuento... Todo cobraba vida para hacer de esta noche algo mágico.
Ya en casa, todo estaba preparado. Los zapatos bajo el árbol y dulces y agua para que los Reyes y sus camellos repusieran fuerzas.
- Vamos cariño- dice María a su hija- es hora de dormir.
- Pero es que yo quiero ver a los Reyes... porfaaaa...
- Sofía si estas despierta no pasarán por aquí, y te quedarás sin regalos.
- ¡Pero quiero ver cómo entran en casa! ¿Tu lo sabes?
- No cielo, recuerda que son magos... Y ahora descansa que mañana va a ser un día muy especial.
A la mañana siguiente María, la madre de Sofía, ya había tenido su regalo de uno de los Reyes. Baltasar le había dejado un hermoso sueño. Y aunque no se acordaba de casi nada, si recordaba esa niña, que disfrutaba de la noche de Reyes. Una niña que era ella. Pero los sueños eran sueños. Tal vez esa niña no existía ya. O tal vez sí. Tal vez esa niña que creía haber olvidado seguía en alguna parte de su corazón, recordándole que la ilusión, la alegría, la magia... Que todo eso que los adultos parecen haber perdido sigue ahí, en alguna parte, esperando a ser liberado. Un bello sueño que le devolvió a la infancia a la mágica noche de Reyes. Un sueño que le hizo volver a ser la niña que creía haber perdido para siempre.
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