viernes, 24 de enero de 2014

RELATO: "LIBRE"

Hola chicooos! Os traigo por fin la traducción del relato que tanto me habíais pedido. Sólo quería comentaros que me disculpéis si veis alguna falta por ahí, porque esto de traducir mediante un programa es muy cómodo y tal, pero traduce muy, pero que muy mal. Así que después de muchas correcciones de la traducción espero que no haya errores. Además, deciros que si queréis la versión en gallego para ver como suena (os aseguro que suena mucho mejor, en castellano pierde mucho) sólo tenéis que pedírmelo. Espero que os guste!!! :D

PD- 8 meses después el blog resucita, el espíritu cocacolero sigue en pie! jajajajajaj


LIBRE
La oscuridad se extendía por todo el bosque. Yo corría, huyendo de algo o alguien de quien no sabía nada. Tenía la respiración entrecortada y el pulso totalmente desacompasado. Me dolían las piernas, pues mi cuerpo no daba más de sí en aquel estado de pánico extremo.
Cuando no pude correr más, me dejé llevar por la desesperación, refugiándome en medio de unos matorrales, situados a la margen izquierda del camino de tierra por el que me había movido en los últimos minutos. Me sentía frustrado.
Quince años antes había comenzado mi calvario. Después del asesinato de mi madre, notaba que “había alguien” en el cuarto mientras dormía. Las puertas se mecían provocándome escalofríos, los grifos se abrían inundando parte del piso y muchas veces escuchaba sonidos de cuchillos y navajas rajando el aire.
Los primeros meses necesité tratamiento psicológico, tenía insomnio y trastornos alimenticios. Pero el tiempo pasó, fui a estudiar a otra ciudad y abandoné el que había sido mi hogar en los últimos veinte años. Entonces, se acabaron los problemas… O eso pensaba.
Después de acabar la carrera, volví a la que había sido mi ciudad desde que había nacido, y vivía feliz junto a mi novia de siempre, Lucía. Nos casamos, y los tormentos volvieron a rondar mi cabeza; despacio, sin prisa pero sin pausa.
Cada día que pasaba me encontraba más pálido, sin espíritu. No había nada en este mundo que me había hecho ser feliz. Estuve consultando todo tipo de especialistas psiquiátricos, pero nadie encontraba una solución médica para mi “falta de autoestima”. Los días pasaban, y la monotonía se extendía por mi cuerpo, como un gas tratando de ocupar todo el espacio posible.
Mi grado de dejadez y pasotismo fue tan grande y mayúsculo que Lucía no resistió más; me dejó a mí y a mis problemas. Para ella no tenía remedio y no podía arruinar más tiempo de su preciada juventud estrujándose el cerebro para encontrar la solución de lo que me estaba pasando. Mientras todo esto sucedía, mi cuerpo se adormilaba cada vez más, dejándome llevar a un letargo inquebrantable, una espiral de la que jamás podría huir, quedando sentenciado a perder totalmente la cabeza. Pero, afortunadamente, gracias a la soledad absoluta, sin tener un cuerpo en el que apoyarme, fui capaz de descubrir qué ocurría en mi interior.
Después de la estancia en Amsterdam (los únicos años felices de mi vida), volví a Santiago de Compostela, el “agujero” por el que entré en el mundo y por el que voy a salir. En Santiago crecí; aquí di mis primeros pasos, aquí supe lo que era querer a una chica, y lo que era tener amigos. Pero también descubrí lo que era el dolor, el sufrimiento y la agonía, comenzando con la trágica muerte de mi madre.
Esa bestia loca que tengo como padre, el ser humano que me engendró, le robó el corazón mi madre cuando era una niña; ella era feliz a su lado. Pero él quiso robarle algo más que el corazón, todo lo que mamá hizo por él (los viajes al psiquiatra, todos los cuidados en sus peores tiempos…) no era suficiente; así que decidió acabar con ella, robarle la vida.
Por lo menos ahora está pudriéndose en un mísero manicomio.
Viví con esta manía toda la vida. Aparecieron las extrañas presencias y todos aquellos efímeros males. Ninguno me afectaba; y ese fue el gran problema. Una vez Lucía se fue y estuve completamente solo, comencé a percibir poco a poco de que nada me atormentaba, porque estaba totalmente sumiso a una perturbación general de mi cuerpo. Estaba acostumbrado a ver y oír cosas irreales, fruto de mis traumas y heridas mal curadas, y convivía con todo eso, sin alterar mi estado de letargo continuo.
De este modo viví durante años, en la inocencia y en la inconsciencia absoluta, pensando que desde que había viajado rumbo a universidad, todos los problemas se habían esfumado de mi vida. Pobre desgraciado… Viví en un engaño, en una trampa perfectamente diseñada y fabricada con mis propias manos. Hasta que exploté.
Dejé de comer y abandoné el trabajo, mi vida se reducía a pensar cómo iba a hacer para destruir la cárcel en la que me encontraba. Pasaron tres semanas, y lo único que sabía era que no necesitaba la ayuda de los médicos, ya no. Llevaba toda la vida conviviendo con su presencia, primero con mi padre y más tarde conmigo mismo. Además, tenía la certeza de que, si yo había sido capaz de engañarme hasta ese punto, también sería capaz de liberarme y ser feliz.
Los días pasaron, y no conseguía ver algún indicio de esperanza por ninguna parte. Estaba volviéndome loco, si aún no lo estaba. Permanecía horas y horas mirando el escritorio, analizando cada uno de mis anómalos comportamientos. Seguía sin encontrar la clave para conseguir la felicidad. En ese momento vivía totalmente atormentado.
Las vivencias se agolpaban alrededor de mi cabeza, recordándome los momentos más oscuros de mi vida. Sentía la sensación de que algo me perseguía, sabía que no podía quedarme en casa, dejándome enloquecer en medio de mis traumas. La tensión emocional aumentaba y se acumulaba, cada segundo se traducía en menos posibilidades de pensar con frialdad. También menguaba el número de alternativas, hasta reducirse al máximo. Sabía que sólo me quedaba una opción, mi locura no me permitía hacer nada más. Estuve tres días enteros, setenta y dos horas intentando decidir mi futuro, mi destino. Finalmente, decidí seguir el débil instinto infantil que conservaba y, por miedo a pudrirme en un cuarto, huí.
Me cegué. Comencé a correr sin saber adónde. Yo seguía un incierto camino, con los ojos en blanco. Mi extraño perseguidor no me dejaba pensar, sólo podía seguir corriendo, sin mirar atrás. Tenía el gran presentimiento de que estaba siendo perseguido por los fantasmas de mi vida, y no tenía el valor suficiente para enfrentarme a ellos. Sinceramente, no sabía nada, ni dónde me encontraba.
Creo que corrí unos 20 kilómetros. Estaba en un bosque, mi bosque. Allí finalizada mi presunta carrera hacia felicidad. Después de esconderme en medio de unos matorrales, una vez acabada la carrera, la frustración se apoderó de mí y comencé a chillar. Estaba convencido de que nadie me escuchaba, y se alguien lo hacía, sabía que no se iba a preocupar; ¿a quién le importa un loco? En los siguientes minutos mis emociones fueron como los desniveles de una montaña rusa. Se sucedieron la tristeza, la desesperación e incluso la más profunda calma.
Pasé días sin moverme, y perdí la sensibilidad en las piernas. Alrededor de mí se extendía una profunda calma, resultando ser excesiva. Con el paso de las horas, comencé a reaccionar ante lo que había hecho: había salido de mi refugio, no tenía nada, sólo conservaba mi demencia y un alma podrida. Entonces, mi cabeza comenzó a funcionar debidamente tras más de una década y media de sufrimiento en la ignorancia, y supe que el destino había hecho de las suyas y no me había dejado en aquél lugar por casualidad. Levanté la mirada después de mucho tiempo, y encontré que un árbol muerto y muy viejo se alzaba a mi izquierda. Tenía madera oscura y vigorosa pese a su falta de vida, probablemente había sido un castaño. Y a mi derecha había unas plantas de esparto. Mi abuelo fue zapatero, y sabía por experiencia que aquel esparto estaba a punto para ser trabajado; le faltaba una semana de tiempo seco y su estado sería perfecto. Tenía el material, tenía el motivo y tenía la idea rondándome la cabeza; sólo me faltaba la determinación para llevarlo a cabo.
Estuve mucho tiempo intentando levantarme, quizás demasiado. Cuando lo conseguí, ya había tenido tiempo para tomar una decisión, la última decisión y la que determinaría mi futuro para siempre jamás: me iba a suicidar.
Puede parecer que era otra locura de las mías, la que me condenaría por siempre. Pero es la única acción con sentido de mis últimos años de vida. No podía esperar más, sólo sería retrasar lo inevitable. Después de todos mis males, ya no tenía miedo a la muerte. Es más, mientras que en mi corta juventud no fui un buen cristiano, en ese momento comprendí el significado de la paz eterna para la Iglesia, o por lo menos encontré mi interpretación. La muerte es el paso de las preocupaciones al gozo, dejando atrás todos nuestros problemas, centrándonos en descansar del ritmo frenético que nos impone la vida terrenal.
De este modo, con la ilusión de rematar por fin al sufrimiento y con la determinación de saber que hacer y como hacerlo, comencé a construir mi particular “necrópolis”, con la fruición propia de alguien de mis características. Tardé dos días y dos noches, pero ya estaba todo preparado para terminar de escribir el último párrafo de esta historia de terror: mi vida.
Y así es, este es el último párrafo de mis memorias, escritas para que cualquier persona que lo desee, pueda consultarlas y descubrir mis desconcertantes pensamientos. Mi historia llega a su fin, y con ella se marcha una vida desgraciada, desmigajada por la complejidad del cuerpo humano, sobre todo de su sala de control. Así que yo, David Rodríguez Santos, me voy voluntariamente de este mundo sin dejar nada a nadie, pues lo único que tengo es una mente rota desde la infancia de la que sólo se conservarán dos míseros papeles redactados con la escasa cordura de un loco.
Ahora sólo me queda una palabra por decir, la cual ya debería haber dicho mucho antes:
Adiós.



lunes, 6 de enero de 2014

Un pequeño relato amoroso... :3 (WARNING: contiene lenguaje vulgar)

CADA DÍA

 Recuerdo como cada día me despertaba con un peso enorme sobre los hombros. Y también recuerdo la razón por la que, a pesar de sentirme así, me seguía levantando y viviendo mi vida día a día. La única razón por la que iba a un instituto de mierda, con profesores de mierda y compañeros de mierda. Y, por desgracia, lo único que me faltaba eran los amigos de mierda. Pero tampoco me importaba mucho. Entraba al aula de mierda y me sentaba en mi pupitre de mierda. Bajaba la vista, luego la alzaba y, al posar mi mirada en ella me sumía en el paraíso. 
 Todo dejaba de importarme. Ninguna mierda de aquellas iba a arrebatarme ese momento diario de éxtasis. Sus cabellos largos, lisos y rubios, sus ojos oscuros, su pequeña nariz, sus labios pequeños pero carnosos. Cuando hablaba, la melodía de su voz me recorría los oídos, impregnándolos con su dulzura. Cuando se movía, mis músculos temblaban al imaginar sentir su contacto. Y cuando me miraba, cuando me miraba, me abducía con el vacío oscuro de sus pupilas. Me imaginaba a mí mismo, a solas, con ella, abrazados, con nuestros cabezas juntas, y nuestros labios a punto de sellarse con un beso. 
  Pero el timbre sonaba y arruinaba mi fantasía. Y en el fondo sabía que no era más que eso. Una fantasía. Un sueño soñado por un soñador. Un soñador estúpido. Y volvía a mi estado normal, donde todo era una mierda. Porque lo era. Pero al día siguiente, decidí jugármela a todo o nada. Me levanté, pero sentía mis hombros ligeros. Y volví al instituto de mierda, con profesores de mierda y compañeros de mierda. La vi. Me dirigí hacia ella. Ella me miró. Me acerqué, me puse junto a ella y se lo confesé todo. Y me respondió. 
 Y me quedé callado. Sentí como si mi corazón se convirtiera en un vacío. Ya no era solo un instituto de mierda, con profesores de mierda y compañeros de mierda, sino que además, ahora, con un amor de mierda. Pasé de entrar en el aula de mierda y sentarme en mi pupitre de mierda. Me fui. Volví a mi casa. No había nadie. Y entré en mi cuarto. 
  Me tiré encima de la cama y me puse a llorar y a gritar como un loco. ¿Qué había pasado con todo ese amor? ¿Qué había pasado con esos momentos en el paraísos? ¿Que había pasado con mis sueños? ¿Todo a tomar por culo? Eso parecía. Paré de gritar. Salí de mi cuarto, y a los pocos minutos volví con un cuchillo en mano. 
 Solo quería acabarlo todo. Dejarlo todo atrás. Un solo golpe certero y podría descansar de todo ese peso con el que me levantaba cada mañana. Solo un corte y... Pero... ¿Y si...? A lo mejor... No era la única salida. Quizás me equivocaba. Quizás era un cobarde con intenciones de rendirme. Y yo no quería. No podía ser un cobarde. Si lo fuera, nunca lo habría confesado todo. Y decidí. Decidí vivir una vida donde mi coraje dominaría. No sería un cobarde nunca. Jamás.


Aquí va un pequeñísimo relato que escribí en el avión a Londres... Se titula "Monstruos" y es bastante tétrico... ¡Espero que guste! :)

No podía respirar. Estaba despierto, pero no respiraba. O, al menos, eso me parecía. Abrí los ojos poco a poco. Ni siquiera los había abierto del todo y una luz me cegaba. Me incorporé. Estaba recostado en una cama de hospital. Había alguien a mi derecha. Lloraba. Me miré las manos. Tenía la muñeca izquierda vendada. Me dolía un poco.
 Ese alguien a mi derecha que lloraba alzó la vista y me miró a los ojos. Tenía los ojos de un azul muy claro. Era una mujer, rubia. Se abalanzó sobre mí y me dio un fuerte abrazo. No sabía quién era ella ni quién era yo, y poco me importaba en aquel instante. Le pregunté qué hacía allí, por qué me encontraba en aquella cama de hospital. Su mirada se posó en mí mientras ponía una expresión incrédula. Me preguntó si no me acordaba. Le respondí que no. Lloró aún más fuerte. Me irritaba. No aguantaba más. Le di una bofetada. Paró. Me miró, y en sus ojos presencié el miedo más profundo. Lo disfrutaba, casi saboreándolo. Me gustaba aquella sensación de infundir terror en los demás. Pero de puertas afuera, no me inmuté. De nuevo, arrugó las facciones y comenzó a llorar otra vez. No iba a tolerarlo ni un segundo más.
 Me levanté y bajé las persianas. Me miró extrañada. Me acerqué a ella. Le pegué y, con la fuerza con la que le di, la tiré de la silla. Comenzó a gritar. Comencé a darle patadas. Le pisoteé la cara. Empezó a sangrar. Sangraba. Seguía sangrando. Paró de gritar. Había muerto. Me seguía dando igual, pero sentía curiosidad por saber qué me había pasado.
 Me miré la venda. Lo comprendí. Vi el corte que me había hecho yo mismo con un cuchillo la noche anterior. Aunque no acabé de entender del todo el por qué. El corte no había cicatrizado. La muñeca se puso a sangrar. Dirigí mi mirada hacia el charco de sangre y lo recorrí con la mirada hasta llegar al cuerpo sin vida del que emanaba aquel líquido carmesí. Mis ojos se quedaron inmóviles, perdidos, observando el vacío. Y, al fin, lo entendí.
 Me hice aquel corte por una razón muy simple: porque hay monstruos en este mundo. Monstruos que matan, que violan, que roban y que no conocen el significado de la palabra "remordimientos". Monstruos mucho más aterradores de los que se esconden debajo de las camas de los niños. Monstruos mucho peores que los de cualquier historia de miedo, por terrorífica que sea. Y yo me había convertido en uno de ellos. El corte sangraba, y me había dado cuenta de que había estado respirando todo este tiempo. Pero dejé de hacerlo. Mis ojos se cerraron. Caí.
 Un monstruo había acabado con su terrible existencia, y lo había hecho por voluntad propia.

CUENTO DE UNA NOCHE DE REYES

Hacía frío. Las calles estaban abarrotadas de gente que, apresuradamente hacía las compras de última hora. Los escaparates brillaban más que nunca queriendo atraer la atención de los transeúntes. En las aceras, los niños y mayores esperaban la llegada de los Reyes Magos de Oriente.

-Mamá, Melchor trae regalos, Gaspar caramelos y Baltasar sueños. ¿Verdad?
- ¿Quién te ha contado eso, Sofía?
- No sé. Pero yo quiero que venga Melchor.
- ¿Y Baltasar? Es maravilloso que traigan sueños. Con ellos puedes tener todo lo que deseas. Viajar a lugares lejanos, tener amigos increíbles... ¡O incluso vivir en un mundo mágico!
- Ya pero... los sueños se terminan muy rápido.
- Oh cariño, eso es porque tú quieres que eso pase. No los encierres, déjalos libres. Que vuelen. Que te lleven a donde desees.

Ya asomaba la cabalgata. Los magos saludaban a los niños, mientras los caramelos volaban sobre las cabezas para acabar estrellándose en el suelo. Camellos, pajes, personajes de cuento... Todo cobraba vida para hacer de esta noche algo mágico.

Ya en casa, todo estaba preparado. Los zapatos bajo el árbol y dulces y agua para que los Reyes y sus camellos repusieran fuerzas.

- Vamos cariño-  dice María a su hija- es hora de dormir.
- Pero es que yo quiero ver a los Reyes... porfaaaa...
- Sofía si estas despierta no pasarán por aquí, y te quedarás sin regalos.
- ¡Pero quiero ver cómo entran en casa! ¿Tu lo sabes?
- No cielo, recuerda que son magos... Y ahora descansa que mañana va a ser un día muy especial.

A la mañana siguiente María, la madre de Sofía, ya había tenido su regalo de uno de los Reyes. Baltasar le había dejado un hermoso sueño. Y aunque no se acordaba de casi nada, si recordaba esa niña, que disfrutaba de la noche de Reyes. Una niña que era ella. Pero los sueños eran sueños. Tal vez esa niña no existía ya. O tal vez sí. Tal vez esa niña que creía haber olvidado seguía en alguna parte de su corazón, recordándole que la ilusión, la alegría, la magia... Que todo eso que los adultos parecen haber perdido sigue ahí, en alguna parte, esperando a ser liberado. Un bello sueño que le devolvió a la infancia a la mágica noche de Reyes. Un sueño que le hizo volver a ser la niña que creía haber perdido para siempre.

martes, 29 de octubre de 2013

            

CÓMO CONOCÍ A LOS 19 JÓVENES TALENTOS

CAPÍTULO 6
El niño chino mola más que yo.                         

Hola hijos míos. He vuelto para continuar la historia. No me enrollo más en los prólogos, que acabo de comer y me está entrando el sueño y no voy a acabar. Dentro flashback.


¡¡¡¡AHHHHHHHHHH HOY ES EL DÍA!!!!
EL 20 DE JUNIO.

¿Todos sabéis a que me refiero no? Claro. Es díficil olvidar esa fecha...........TENGO EL EXÁMEN FINAL DE NATURALES. 
¿Eh?¿Que no era eso? Ah es verdad. también es el día de viajar a Madrid por el premio de Coca Cola. Pues vaya.
Me dirigí como cada mañana al colegio, lleno de emoción. Empecé el examen, lleno de emoción. Recogí el boli, que se me cayó a mitad de exámen (todo muy emocionante), y entregué el exámen el primero. Antes de marchar, ya en la puerta, miré una última vez a mis compañeros de clase. Todos me miraban emocionados, incluido el profesor. Y de repente, Jairo Borraz, un tontaco venido a menos, dijo:
-¿POR FAVOR, TE VAS YA, O NO?, ¡EL SUSPENSE ME ESTÁ MATANDO!-
Entonces me giré y empecé a andar por el pasillo. De repente, empezó a sonar 
Its the final countdown (nino nino) de Europe en mi cabeza (creo que ya he explicado que es lo que ocurre cuando me motivo con las canciones ¿no?). 
Y CRUCÉ EL PASILLO COMO DIOS
Y SALÍ DEL COLEGIO COMO DIOS (es gasioso porque el colegio es religioso :3 )
Y CRUCÉ EL MERCADILLO DE GITANOS COMO DIOS
Y ENTRÉ EN CASA CÓMO DIOS
Y ME HICE UN BOCADILLO DE JAMÓN (COMO DIOS)
Y ME VESTÍ COMO DIOS (pero quiero decir que lo hice genial, osea, no es que me vistiera con una túnica blanca y barba blanca)
Y entonces la canción dejó de sonar. Me quedaban 40 minutos antes de ir a la estación de Ponferrada para coger el tren. Encendí la televisión. Estaban dando un documental sobre niñas adolescentes chonis pasivas-agresivas-suicidas muy poco interesante y muy adictivo. Fue un poco triste que la última cosa que oyera antes de marchar triunfalmente fuera ¡ASCO DE VIDA TETE!

La estación de Ponferrada no es un sitio agradable. Parece una de esas estaciones de la Segunda Guerra Mundial en la que las madre rogaban un poco de comida para sus pobres bebés diciendo: El pequeño Miroslaw tiene hambre. Lo siento, pero Ponferrada es así. 
Encontré a mi profesor con su mítica gorrita negra que le hace parecer un caco esperándomeen el andén muy sonriente. 
Nos subimos al tren.Y por un momento, vi por la ventana a una madre despidiéndose de su hijo, y me recordó a cuando los niños rusos viajaban en medio de la guerra y me dio mucha pena.
No llores, pequeño Vladimir.
 Me dejó la revista del colegio para que la leyera. Busqué si ponía algo a cerca de mi premio. No por nada, simplemente para ver cuanto me quería mi estimado cole
RESUMEN
No me quieren
Mi pequeño premiecito estaba en una esquina muy apartada entre las dos páginas de artículo que contaban que una niña había hecho una seta de plastilina casi real, y el que contaba que Yu, un niño chino de segundo de primaria había aprendido a multiplicar el primero de su clase. 
Qué chachi pistachi
Miremos el lado bueno, este año, el gato de la directora no ha aprendido a cogerse la colita, si no, me reemplazarían por él.

El viaje era largo, y pronto, mi profesor y yo nos vimos atacados por la necesidad de hablar, y pronto, empezó el diálogo entre el alumno que supuestamente había ganado un premio, y un profesor con 15 años de experiencia, y matricula de honor en la carrera de filología castellana:

Profesor:......Emm.....hace frío últimamente ¿no?
Yo:.....Emm.....ya.......calentamiento global.....digo yo....
(30 minutos de silencio)
Yo:.....emm.....ehhh......
Profesor:.....jeje.....hugh...emm
Yo:.....¿Te gustan los trenes?
Aunque no lo creáis, esta conversación acabo en un debate a cerca del sentimiento y la conciencia humana.
Al llegar a Madrid había un hombre con un cartelito con nuestros nombres. Era nuestro chófer. Bueno, o a juzgar por su apariencia, o eso, o una criatura del infierno, que quería llevarnos a conocer a Satán.
Llegamos al hotel de Barajas, y en su recibidor, nos estaba esperando alguien a quien todos conocéis.......¡Óscar!. Me dijo que era el primero en llegar, así que subí a mi habitación y vi tres camas. Una muy guay, una muy guay y una muy siniestra. Y pensé, soy el primero, así que una guay es para mí, y el que llegue último, que duerma en esa tabla con sábanas.
En ese momento, en un avión que sobrevolaba el atlántico, Carlos sintió una perturbación en la fuerza.
Encendí la tele y me puse a ver un documental sobre los caballos en la Primera Guerra Mundial. 
Al rato, bajé al hall de hotel con mi profesor, y me encontré con que otro chico (joven talento, para los poco avispados) y su perturbador profesor estaban en el hall. Decidimos ir a tomar algo juntos. El chico, era lo más tímido del mundo (ja, en unos días descubriríamos que no era así), y me costó un montón empezar a hablar con él.
Explico.
Se cerraba más que una almeja con loctite
Pero al fin, descubrí que era un chaval majísimo y pronto empezamos a congeniar. Cuando ví que estaba más receptivo, le hice la pregunta clave:
-Oye,¿cómo te llamas?
A lo que él respondió
-¿Yo?. Me llamo Javi
Todo hay que decirlo, las primeras veces le llamé de todo menos Javi (Gabi, Gabri, Jaime,........etc). Soy muy malo para los nombres......


jueves, 10 de octubre de 2013

 CÓMO CONOCÍ A LOS 19 JÓVENES TALENTOS

CAPÍTULO 5
Mi primo-planta tiene un club de fans.
  

¡Buenas, curiosos personajillos!. ¿La última vez que continué la historia llegué a Londres?. Ah venga pues...ya está. ¡Gracias por leer y a vivir chicuelos!


Espera, ¿que no he acabado?, que aún sigo por el día del premio, ah, bien. Pos venga arranquemos

Era una mañana de junio soleada, soleadísima, brillante, incandescen....¡DIOS QUE CALOR HACIA EN JUNIO!. Vale, yo soy como un muñequito de nieve, no soporto el calor, y llevo la maldad en mis gélidas venas (Sí, los muñecos de nieve son malignos, lo dice mi profe de plástica, Anselmo, y es un tío estudiado (paréntesis dentro del paréntesis: Sí, estudio bellas artes, ahí os vi finos)). 
Me desvío otra vez.
Me levante sobre las nueve y media, porque ese día no iba a clase (para mí eso ya era un premiazo de Coca Cola). Y me dirigí, muy guapetón yo, hacia el lugar donde nos habíamos citado todos los jóvenes talentos asturleoneses. Fui ataviado con mis mejores galas: Una camisa de excelente tejido gris oscuro de fina raya, y unos pantalones negros de tejido áspero pero acogedor, sobre lecho de chaqueta de cálidos colores.
En resumen : Camisa fea, pantalones feos y chaqueta fea
El lugar para la cita era un bar en la plaza del ayuntamiento: La cañería, el bar La Cañería, donde puedes comer patatas y huevos fritos los jueves por solo 4,99 euros. Alto standing ¿eh?. Poco a poco fueron llegando los demás. Yo estaba un poco incómodo, porque aunque no lo creáis, soy muy tímido. Hasta que un chico llamado Néstor se me acercó sin más. Un amor de chico. Enserio.
Nos hicimos la foto delante del ayuntamiento, donde me reencontré con una vieja conocida, otra seleccionada: Covadonga. Fue una verdadera alegría. Cinco segundos después, los micrófonos nos acosaban. No se cómo pude hablar tan coherentemente, porque mi mente solo pensaba en una absurda canción de youtube que había visto el día anterior

Raúl por fuera: Bueno pues es un orgullo sólo el hecho de estar aquí, éramos muchos participantes..bla...bla...blablablá

Raúl por dentro: NOOO LE ROBEN TABACO A LA ARAÑA NOOOO-----ESPIIIIIDERMAN SE ENTRENA AQUIIIII, EN LA DEHESA CON LOS PÁJAROOOOS----PERO UN PÁJARO MU PILLO, LE VA A ROBAR UN PITILLO, Y ESPIDERMAN TENDRÁ QUE COMPARTIIIIR

Ay. Es muy pegadiza.
Luego nos llevaron a ver el museo de la radio. Justo antes de entrar, me llamaron al móvil, un número kilométrico y al contestar, me dijeron a toda velocidad
-HolasoyTinosoytécnicodelprogramaradiobierzoeresRaúl¿no? bientevamosaponerconFernandoQuinteroenunosminutosdesdetuteléfonotepongopublicidad
Eso, en español, con comas y respiración, significa:
-Hola soy Tino, soy técnico del programa radiobierzo. Eres Raúl ¿no?, bien, te vamos a poner con Fernando Quintero en unos minutos desde tu teléfono,te pongo publicidad.


Tras medio milenio de anuncios me pusieron con el presentador y me hicieron una entrevista. A mí me resultaba extraño, que fuera tan atendido por todos, cuando no era el único seleccionado de Ponferrada.
Más tarde, nos dirigíamos al castillo, a comer, para entonces ya tenía una especie de grupillo:

NÉSTOR: Mi simpático compadre de Cistierna, en Asturias. Loco perdido, y la primera persona que conocí
MARÍA: Mi mejor amiga de León capital.
HERNAN: Chico majete de....no me acuerdo de dónde....je.
MARA: Chica rockera de Villablino, compañera hasta el final.
VIRGINIA: Acompañante de María, una chiquilla ciega de lo mejor que hay.
COVADONGA: Ya explique antes, que una vieja amiga.
Y aquí chicos, me dí cuenta de que tengo que ser un tío muy majo y divertido. Porque de las 6 mesas, enserio, 5 estaban calladas y como muertos, como si estuvieran allí por castigo, y la mía, a carcajada salvaje.
Les conté, por ejemplo, la historia de mi primo Roberto.
Es.....peculiar, medio vegetal, para ser exacto. Aunque ahora pensaréis que lo digo para hacer la coña, no es así. Le he visto COMER tres veces en mi vida, y muy poco. Pero bebe agua como un poseso, y se pone al Sol todo el día porque dice que se siente fuerte (tiene 18 años y es un palillo).
Y llegó el momento de los premios.
Dios.
Nervios.

Iban nombrando los premios, cuatro de cada categoría, empezando por los sextos. Si no estabas en los sextos, eras quinto o superior, y así sucesivamente. Llegó el segundo premio, me iba a petar la patata. NO SALÍ.
OH DIOS MÍO, NO PODÍA SER.
Nombraron a los cuatro primeros premios, entre los que estaba........el maravilloso de los maravillosos. El sublime entre los sublimes. El señor de la palabra.
¡NADA MÁS NI NADA MENOS QUE.............EL CHICO DE VILLABLINO!
Y luego salí yo (FELISIDÁ NO MÁS).
No me lo podía creer. Me senté con mis amigos, y vi que todos los profesores del colegio me habían visto. Era plenamente feliz. 
En ese momento, anunciaron que Sofía era campeona de Asturias, y que iría a Londres. Mientras, yo pensaba: ¿Quién será el campeón de Castilla y León que va a Londres?. De Valladolid fijo. Meh. Seguro que un mamonazo creído
Y de repente, junto a los vítores del público, anunciaron:
-Lo que no sabíamos, esque tenemos aquí con nosotros, a uno de los finalistas nacionales.
En ese momento, todos se giraron al lugar de los premios......todos menos yo.
-¡Y esque Raúl Fernández Arias, es uno de los seis finalistas nacionales!
Me giré lentamente, y vi a mi profesor haciendo gestos para que le acompañara a la palestra donde entregaban los premios.
Todo me daba vueltas, sólo pude pensar:
-Lo he conseguido, lo he hecho. Yo soy, el mamonazo creído. Pero soy un mamonazo creído DE LA LECHE.
Entonces en mi cabeza empezó a sonar la música de Indiana Jones (me pasa mucho).
Y me dirigí a por mi premio. LO HICE POR ESPARTA.
Esa noche, compartí una Coca Cola con la gente de mi banda, Castro Bergidum, que son como mi segunda familia. 
Bueno chicos, en el próximo capítulo, contaré cómo conocí a Javi, a Alicia, a Nuria, a Lucía, a Carlos.......y cómo conocí a una curiosa extremeña llamada Aurora, con la que mantuve una especie de extraña simbiosis de amor-odio. Peeeero esa es otra historia......

sábado, 5 de octubre de 2013

Tic, tac

Tic,tac suena el reloj tic, tac. Cuatro segundos menos joven que antes. Tic,tac parece bueno pero no lo es. Cuando mejor te lo estas pasando, hace que sus segundos pasen más rápido. Y cuando peor te lo pasas, hace que pasen más lento. Es malo. Es el propio Satanás. Se encarga de borrar tus recuerdos. Algunos están en forma de rosas, y otros de espinas. Pero, como siempre, las rosas se marchitan y las espinan caen, quedan esparcidas, quizás se sienten menos, pero se siguen sintiendo. Y de las rosas suelen quedar algunos trozos. Que también desaparecerán. Tic,tac. Tu sigue avanzando,tiempo, haciendo mis recuerdos buenos más borrosos, y los malos,más nítidos. Tic,tac. Quítame más tiempo. Pero tu intentarlo si quieres, que he encontrado una forma de vencerte. Una forma de hacer que las rosas marchitas sigan vivas en otro jardín. Una forma de que esas rosas sean eternas, y que las espinan desaparezcan, poco a poco. Tic,tac. Ahora intentas acelerar,intentas quitarme los máximos recuerdos posibles antes de que mi plan empiece. Tengo armas que no podrán vencer. Armas que sus "balas" no se  gastan. Y mi plan ya ha empezado. Y la guerra también. Mis armas, un bolígrafo y mi imaginación, y mi campo de batalla,el papel. Intenta vencerme ahora. Intenta vencerme,cuando lo único que tengo que hacer es escribir.