No sé a quién se le ocurriría por primera vez la locura de acabar los cuentos con un "y vivieron felices y comieron perdices". Nunca lo entendí de pequeña y creo que nunca lo entenderé de todo. En el mundo de los cuentos las perdices deben estar en peligro de extinción.
La regla número uno para leer esto que estoy escribiendo es la siguiente: el mundo de los cuentos existe, aunque esté solo en nuestra cabeza, así que cada persona que inventa un cuento hace que ese mundo se haga un poquito más grande. Yo quiero que ese mundo sea infinito. Quiero contarle a mis hijos y a mis nietos historias que les apasionen, que les hagan reír y llorar y preocuparse y soñar. Algún día les contaré una historia y la dejaré a la mitad. Me haré la dormida. Ellos serán niños, y tendrán esa curiosidad que tienen los niños y que tanta falta nos hace a los demás. Al principio se quedarán muy callados, mirándose con recelo. No hará falta que pasen más de cinco minutos para que empiecen a imaginar su propio final. Discutirán entre ellos.
Y así, haciendo un poco de trampas, conseguiré que ellos también quieran escribir. Porque el que lee vive muchas vidas: la suya y la de los libros que lee. El que escribe llega más allá. El que escribe crea vidas. Crea mundos. Crea historias y sentimientos. Y cuando haces que algo malo le pase a tu personaje, tú también lo sufres. Porque todo ha salido de ti. Porque escribir es sacar ese extraño lío de recuerdos y sentimientos que hay en tu cabeza en forma de una historia y esperar a que alguien descubra entre las palabras lo que verdaderamente has querido decir.
Escribir me ha traído gente maravillosa. Y no, no hablo de las personas que ahora están en el mundo de las historias, los cuentos, o como queráis llamarlo. Me ha traído gente de verdad, de carne y hueso. Gente que está tan lejos que parece imposible (parece) verlos de nuevo.
Supongo que aunque duela no poder estar con ellos, hay algo de magia en eso de que gente a la que le guste escribir se comuniquen por medio de las palabras escritas. Es magia mala, irónica. Pero yo los sigo queriendo igual.
Y sigo sin entender lo de los cuentos y las perdices. Yo ni si quiera he visto nunca una perdiz. Pero cuando les cuente a mis hijos y mis nietos las historias que esas maravillosas e indescriptibles personas de carne y hueso han escrito, acabarán sin perdices. Me gustan más los pingüinos, como Pantxillo, ese que sale ahí arriba en la cabecera y que tiene parte de la culpa de que eche tanto de menos a los veinte chicos.
"Y vivieron felices con su pingüino cuidándoles como si de un hada madrina se tratase."
No tiene sentido. No para ti, lector.
Para mí significa veinte cosas únicas.
martes, 3 de septiembre de 2013
No sabía lo mucho que os echaba de menos, lo mucho que os necesitaba, hasta que os conocí.
Dicen que no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos. Pero, ¿sabéis qué? Tampoco sabemos lo que echamos de menos hasta que de repente, algo inesperado aparece en nuestras vidas y, cuando queremos darnos cuenta, ya ha echado raíces en ti. Y cuando eso ocurre, nos parece increíble que pudiéramos haber vivido antes sin ello. Sin las risas, aunque no tengan la suerte de ser cara a cara y se tengan que conformar con una pantalla. Sin que salga el tiempo en España y pensar en cuál de vosotros vive por ahí. Sin los 2345678909764456 mensajes de WhatsApp al día. Es extraño, el saber que hace menos de un año no conocías a alguien que ahora tu cerebro a confundido con un órgano vital y a quien, por tanto, necesitas. Sin embargo, este tipo de cosas son las mejores que puede haber en el mundo, y fijaros que no exagero si os comparo con la música, teniendo en cuenta de que es algo imprescindible para mí. Porque está ahí cuando todos parecen haberse cansado, al igual que vosotros. Y joder. No me cansaré de repetiros que la palabra "gracias" se empezó a quedar corta en el avión de camino a Madrid y de la cual hoy sólo quedan un par de milímetros de longitud. Y no porque ella se haga más pequeña, sino porque vosotros cada día sois más grandes. Porque chicos, el físico deja de crecer algún día, incluso la cabeza puede que en un futuro se nos vaya a todos, y nos volvamos locos. Pero seguid leyendo, escribiendo, soñando; alimentando vuestro alma como hasta ahora, tal y como lo venís haciendo, porque cuando un día ya no estemos, será ella la que continúe en quienes os conocieron y os juro, que os hará eternos, infinitos. Inolvidables.
En las malas, pero tambien en las buenas
¿Qué es la amistad? eso se preguntan muchos. ¿Para qué sirve tener
amigos? pues mira. Algunos lo tienen muy claro. Pero yo todavia no
conozco a NADIE que merezca ser llamado "mi amigo" . Un amigo tiene que estar en las malas, si y en las buenas. Mucha gente cree que los amigos estan siempre en las buenas, pero no en las malas. Bueno pues llamadme rara, pero yo pienso lo contrario. Creo que se puede distinguir a los amigos cuando VERDADERAMENTE se alegran de lo que te pasa.¿Es que nunca os ha pasado? esa falsa sonrisa. Esa envidia que le come por dentro cuando te pasa algo realmente bueno. Quizás, no hay ningún amigo perfecto. Pero los amigos de verdad, no tienen esa malvada envidia que tienen algunas de mis amigas. Sí, tienen muchas buenas cualidades. Pero yo todavía sigo reacia a llamarles "verdaderas amigas". Porque en realidad no lo son. Y todavía sigo esperando a alguien que sea digno de ser llamado amigo. Según esto podríais pensar que no tengo amigos. Pero no. Tengo 19 amigos. Una está en Algeciras, otra en Extremadura, otra en Madrid, otro en León, Castilla la Mancha, otro en Teruel, otra en Navarra, Asturias, hay dos en Galicia y tres en País Vaco, incluso tengo una amiga catalana, una chica más en Valencia, uno en Baleares... e incluso los de La Rioja y Canarias podría llamarles amigos. Y yo estoy en Murcia. Pensareis que estan lejos. Teneis toda la razón del mundo y a la vez os equivocais. Estan lejos geográficamente, sí. Pero muy cerca... Porque tambien tienen un hogar en mi corazón.
Comienzo de una futura historia
Hola chicos os escribo la primera pagina de la historia que estoy intentando escribir. Espero que os guste.
Aurora
caminaba por los pasillos cansada. ¿A
quién se le había ocurrido aceptar la invitación? “Estimada Aurora: Ha sido usted seleccionado
para una estancia de un fin de semana en el hotel Lonjas de Mar*****. Para
hacer válida su estancia, solo tiene que presentar esta invitación y la tarjeta
que viene adjunta a esta carta. Conocerá a gente única. Venga por favor. No se
arrepentirá. Atte. ART-DECO S.L.” Pero de momento la persona más interesante
que había visto fue el recepcionista que se limitó a darle la llave de su
habitación, mientras parloteaba al teléfono haciendo y anulando reservas.
Todavía recordaba aquella experiencia que la había hecho huella. Por eso,
quizás había venido. Porque estaba organizado por la misma empresa, y todavía,
en el fondo de su gran corazón, conservaba la esperanza de volverles a ver. “¿Volver
a ver a quién? En serio Aurora eso es imposible. Suena muy bonito, pero no es
verdad. Además... ¿les reconocerás...? Han pasado tantos años... Déjate de
tonterías y baja al hall, a ver si averiguas porqué estás aquí.”
Pero
no conseguía quitarse esa inquietud de la cabeza, esa alegría que era tan
diferente a las demás, esa alegría que le venía directamente del corazón.
“Todo
empezó un diecinueve de junio de 2013, cuando llegó a aquel hotel en Madrid y
conoció a aquella gente tan especial...” No podía seguir pensando en eso porque
si no se echaría a llorar. Y... ¿que pensarían de ella? Que era una debilucha.
Pero ya no lo era. Hubo un tiempo en que las cosas eran diferentes. Pero desde
que murió su padre había cambiado. Había tenido que cambiar. Que madurar. Ahora
era una empresaria de éxito, pero también conocía el sabor de la derrota, del
dolor... Y quizás demasiado bien. Pero no quería volver a pensar en eso. Se lo
había prometido.
Cuando
al fin el ascensor llegó, intento contener las lágrimas que, por orgullo, no
era capaz de derramar. Consiguió apartar de su mente esos pensamientos y
centrarse en averiguar por qué estaba allí.
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